Huellas de viaje

Ya no queremos conocerlo todo

Hubo una época en la que viajar significaba aprovechar cada minuto.

Llegábamos a una ciudad y sentíamos que teníamos que conocerla completa.

Museos.
Iglesias.
Plazas.
Mercados.
Monumentos.

Había que verlo todo porque pensábamos que quizás nunca volveríamos pero hoy, en cambio, podemos pensar diferente.

Porque aprendimos que conocer un lugar no significa recorrer cada uno de sus rincones. A veces, conocer también significa elegir.

Elegir esa playa en la que queremos quedarnos toda la tarde.

Ese pueblo por el que queremos caminar sin mapa.

Ese restaurante que alguien nos recomendó.

Esa ruta que queremos recorrer despacio, sin mirar el reloj.

Y siento que ya no necesitamos volver de un viaje agotados para sentir que lo aprovechamos.

Tal vez viajar también sea eso: volver a casa sintiendo que vivimos, pero que también descansamos.

Porque con los años entendí algo más: no tenemos que conocer todo el mundo.

Hay lugares que pueden quedar para otro viaje y otros que quizás nunca lleguemos a visitar.

Y no pasa nada.

No todo tiene que ser ahora.

No todo tiene que ser visto.

No todo tiene que tacharse de una lista.

Porque la vida no es una carrera contra un mapa.

Y quizás viajar de verdad sea aprender que no necesitamos llegar a todos los lugares, sino disfrutar plenamente de aquellos en los que decidimos estar.

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