Paisajes que se parecen a nosotros
En ocasiones algunos paisajes nos conmueven sin que sepamos por qué y no necesariamente son los más famosos ni los que aparecen en las fotografías de las revistas.
A veces es una pequeña playa casi vacía, una ruta que atraviesa un bosque, una montaña perdida entre las nubes ó un pueblo tranquilo donde parece que el tiempo transcurre de otra manera.
Y sin darnos cuenta nos quedamos mirando ese sitio pensando que algo de ese paisaje nos resulta familiar ó tal vez, porque por alguna razón, nos reconocemos.
En mi caso cuando necesito calma, busco el mar.
Cuando necesito distancia, quizás una ruta me resulte irresistible.
Cuando quiero sentirme pequeña frente al mundo, una montaña puede hacer ese trabajo mejor que cualquier palabra.
Y cuando estoy atravesando un momento de cambios, me atraen especialmente esos lugares donde todo parece estar empezando nuevamente.
Con los años he aprendido que no siempre elijo un destino solamente por lo que ofrece sino también por lo que me hace sentir y muchas veces porque siento que se parece a lo que estoy viviendo.
Por eso dos personas pueden visitar exactamente el mismo lugar y regresar con recuerdos completamente diferentes.
Y si bien el paisaje puede ser el mismo cada uno lo mira desde su propia historia.
Quizás viajar también sea eso: encontrar afuera algo que, de alguna manera, estaba pasando dentro nuestro.