Huellas de viaje

Hay viajes que empiezan mucho antes de hacer la valija

Algunos viajes comienzan mucho antes de comprar un pasaje, mucho antes de elegir un hotel y mucho antes de sacar la ropa del placard y empezar a preguntarnos qué vamos a llevar.

Comienzan mucho antes de hacer la valija. Empiezan el día en que, casi sin darnos cuenta, aparece una idea ¿Y si vamos?

A veces todo comienza con una fotografía en la que vemos un lugar y algo nos llama la atención: una playa, una montaña, una ciudad ó un paisaje que no conocemos.

Y aunque todavía no sabemos cómo vamos a llegar, cuánto vamos a gastar o dónde vamos a dormir, algo dentro nuestro ya empezó a viajar.

En mi caso desde que comienzo a planear un viaje empiezo a imaginar.

¿Cómo será estar ahí?

¿Qué sentiré cuando llegue?

¿Será realmente tan hermoso como parece?

Y, sin darme cuenta, ese lugar comienza a ocupar un pequeño espacio en mi cabeza.

Después vienen las búsquedas, mirar los mapas, leer historias, buscar hoteles, comparar vuelos, guardar reseñas y fotografías de internet, marcar lugares que quisiera conocer, armar itinerarios que seguramente se modificarán, y mientras hago todo eso, algo curioso sucede: todavía estoy en casa, pero una parte de mí ya se fue.

Creo que esa es una de las cosas más lindas de viajar, que no necesitamos esperar al momento de partir para empezar a disfrutar.

Hay una felicidad especial en la espera, en saber que falta poco, en contar los días, en imaginar el momento de llegar, en pensar qué vamos a hacer primero y en cerrar los ojos y ver, aunque todavía no lo conozcamos, ese lugar que estamos a punto de descubrir.

Quizás por eso la planificación también forma parte del viaje, porque soñar con un viaje es, de alguna manera, empezar a vivirlo.

Y después llega el momento de hacer la valija.

Ese momento tan simple y tan cargado de significado en el que abrimos un bolso vacío y empezamos a llenarlo de cosas que creemos que vamos a necesitar.

Y aunque no podamos ponerlos dentro también llevamos nuestros sueños, nuestras expectativas y todo aquello que esperamos encontrar.

Porque ninguna valija pesa solamente lo que dice la balanza, algunas pesan también todo lo que esperamos de ese viaje.

A veces viajamos buscando descanso, otras veces buscamos aventura.

Hay viajes que hacemos para conocer, otros para reencontrarnos y algunos simplemente porque necesitamos alejarnos un poco de la rutina.

También hay otros que hacemos sin saber exactamente qué estamos buscando y quizás esos sean los más interesantes, porque podemos organizar un itinerario perfecto pero nunca podemos planificar completamente lo que un lugar va a provocar en nosotros.

Muchas veces elijo ciudades que quisiera visitar pero no puedo elegir qué emociones voy a sentir al llegar.

Puedo reservar una habitación con vista al mar pero no puedo reservar el momento exacto en que voy a mirar por la ventana y pensar “Qué suerte tengo de estar acá”

Puedo planificar una excursión, pero no puedo planificar una conversación que cambiará mi manera de ver algo.

Puedo marcar un lugar en un mapa pero no puedo saber cuál será el rincón que, inesperadamente, terminaré guardando para siempre.

Por eso viajar tiene algo de planificación y algo de misterio y creo que necesitamos las dos cosas.

Hay viajes que hacemos cuando somos jóvenes, otros cuando nuestros hijos son pequeños y otros cuando ya crecieron.

Hay viajes en pareja, viajes con amigos, viajes en familia y también viajes que hacemos solos.

Y aunque visitemos exactamente el mismo lugar en distintos momentos de nuestra vida, nunca hacemos realmente el mismo viaje.

También están los viajes que nunca hicimos, los que quedaron pendientes, los que imaginamos durante años, los que alguna vez dijimos “algún día”.

Algunos todavía esperan y otros quizás ya no sucedan.

Pero incluso esos viajes que nunca realizamos forman parte de nuestra historia porque también soñamos con lugares a los que nunca llegamos.

Con los años aprendí que viajar no es solamente desplazarse de un lugar a otro, es abrir una puerta para salir de nuestras rutinas, de nuestros horarios, de nuestras costumbres y, al hacerlo, descubrimos cosas que en la vida cotidiana quizás no vemos.

Descubrimos cuánto necesitamos, cuánto podemos prescindir, qué nos hace felices, qué nos sorprende, qué nos emociona y también qué cosas llevamos con nosotros aunque cambiemos de continente.

Por eso creo que hay viajes que empiezan mucho antes de hacer la valija porque empiezan cuando algo dentro nuestro pide movimiento, sentimos curiosidad, necesitamos aire nuevo, queremos celebrar, escapar, encontrarnos, ó simplemente cuando aparece ese deseo inexplicable de conocer un lugar que todavía no forma parte de nuestra historia.

Después hacemos la valija, cerramos la puerta de casa, subimos al auto, llegamos al aeropuerto y finalmente escuchamos aquella frase que tantas veces anuncia el comienzo “Señores pasajeros, estamos listos para partir.”

Pero para entonces el viaje ya empezó hace mucho, cuando aún soñamos despiertos con estar allí.

Y por eso, la próxima vez que pienses en hacer un viaje, no esperes a hacer la valija para comenzar.

Cerrá los ojos.

Imaginá.

Soñá.

Buscá ese lugar.

Y dejá que una pequeña parte de vos empiece a viajar.

Porque algunos viajes comienzan mucho antes de partir.

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