El lujo de estar ahí
The English version is still pending review. The original Spanish story appears below.
Con el tiempo descubrí que uno de los mayores lujos que puedo regalarme cuando viajo es algo que todos tenemos, pero que cada vez resulta más difícil conservar, mi atención.
Porque podemos recorrer miles de kilómetros y seguir pensando en lo que dejamos en casa.
Podemos estar frente a un paisaje increíble y tener la cabeza en el teléfono.
Podemos sentarnos a cenar con alguien que queremos y estar pendientes de un mensaje.
Y entonces me pregunto ¿realmente estamos viajando?
Porque nuestra atención es una forma de presencia y quizás por eso, cuando viajo, intento hacer algo que no siempre me resulta fácil, bajar el ritmo, mirar sin apuro, escuchar el mar sin pensar en la próxima actividad ó sentarme simplemente frente a un paisaje para apreciarlo.
Esos son los momentos que después vuelven cuando cierro los ojos: un atardecer, una conversación, una caminata, una mirada de Pablo, el sonido del mar.
Por eso creo que uno de los mayores lujos de viajar no es dormir en un hotel maravilloso ni conocer el restaurante más famoso sino que es más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más difícil: poder sentir que estoy ahí.
Estar verdaderamente presente en el lugar que elegí conocer sin pensar demasiado en lo que viene después, sin apurarme por completar una lista de lugares.
Cuando consigo esa sensación en mí, sé que realmente estoy viajando.
Y quizás esto también sea una forma de riqueza.
Porque durante mucho tiempo pensamos que ser ricos significaba tener más más dinero, más cosas, más viajes, más experiencias.
Sin embargo hoy creo que la verdadera riqueza tiene mucho que ver con disfrutar lo que tenemos mientras está sucediendo, con tener tiempo para mirar, para conversar, para caminar sin rumbo, para compartir una comida, para abrazar a quien amamos, para contemplar un paisaje y simplemente quedarnos ahí, sin necesidad de hacer nada más.
Quizás la verdadera riqueza no sea tener más tiempo sino aprender a estar completamente presentes en el que ya tenemos.
Y cuando eso sucede, hasta un instante puede convertirse en un viaje.