Cruzar una frontera y sentir que empieza otra aventura
Hay algo especial en cruzar una frontera porque aunque sepamos que del otro lado sigue estando el mismo mundo, algo cambia.
A veces el cambio es inmediato al aparecer otros carteles, otra moneda, otro idioma, otra manera de conducir. Cambian los paisajes, los colores, los sonidos y hasta los pequeños detalles de la vida cotidiana.
Pero muchas veces el cambio más importante no está afuera sino que está en nosotros mismos.
Porque durante unos minutos dejamos atrás lo conocido y entramos en un lugar que, aunque esté a pocos kilómetros, sentimos diferente.
Miramos ese cartel que anuncia que estamos entrando en otro país y aparece una sensación difícil de explicar: la de estar comenzando una nueva aventura.
No sé si a todas las personas les sucede lo mismo, pero a mí sí.
Me gusta ese instante en el que todavía no sabemos exactamente qué vamos a encontrar, esa sensación de estar lejos de casa y tener por delante un territorio nuevo para descubrir.
Y creo que no importa cuántas veces hayamos viajado pero siempre cruzar una frontera conserva algo de descubrimiento.
En ese momento es cuando reflexiono respecto a que el mundo es mucho más grande que mi rutina, que existen otras maneras de vivir, otras costumbres, otros paisajes, otros ritmos y otras formas de mirar la vida y que aquello que para mí es cotidiano puede ser completamente diferente para alguien que vive del otro lado.
Y quizás ahí esté una de las cosas que más me gustan de viajar: volver a sentirme un poco extranjera, un poco principiante, un poco perdida, un poco sorprendida.
Porque cuando dejamos de conocer todo también recuperamos la capacidad de mirar con curiosidad y eso, con el paso de los años, se vuelve cada vez más valioso.
Tal vez por eso no necesito que cada viaje sea extraordinario ya que a veces alcanza con tomar una ruta y no saber exactamente qué habrá al final.
Con detenerme en un lugar que no conocía, con cruzar una frontera y sentir que, aunque el mundo siga siendo el mismo, para mí acaba de comenzar algo nuevo.
Porque viajar también es eso, salir de lo conocido para volver a descubrirnos en lugares que todavía no conocemos.
Por eso me gusta tanto cruzar fronteras, porque las mismas no siempre cambian el paisaje de inmediato pero siempre cambia mi manera de mirarlo.
