Un sábado en Tigre: ferias, artesanías y momentos compartidos

A pocos kilómetros de la ciudad de Buenos Aires se encuentra Tigre, una localidad con un encanto muy especial.

Rodeada por los ríos y canales del Delta del Paraná ofrece una combinación perfecta de naturaleza, paseos al aire libre, ferias artesanales y rincones llenos de historia.

Es uno de esos lugares a los que siempre disfruto volver porque cada visita tiene algo distinto para descubrir, pero aquel sábado de septiembre de 2019 fue especialmente lindo porque lo compartí con dos personas muy importantes en mi vida: mi hija y mi hermana.

Desde que llegamos, el ambiente invitaba a caminar sin apuro: las calles estaban llenas de movimiento, los puestos de artesanías exhibían sus creaciones y el aire tenía esa mezcla tan característica de paseo de fin de semana y vida junto al río.

Recorrer las ferias del Tigre siempre resulta una experiencia entretenida porque hay objetos de decoración, trabajos en madera, artículos de cuero, muebles, pinturas, tejidos, joyería artesanal y una enorme variedad de productos que reflejan el talento y la creatividad de los artesanos.

Cada puesto tiene su propia historia y siempre aparece algo que llama la atención.

Nos detuvimos muchas veces a observar los detalles de las artesanías, conversar con algunos de los expositores, descubrir piezas únicas que difícilmente podrían encontrarse en otro lugar y aprovechamos a hacer algunas compras de objetos originales.

También nos gustó entrar en algunos de los negocios de la zona, mirar vidrieras y dejarnos sorprender por la variedad de propuestas que ofrece Tigre.

Es uno de esos destinos donde siempre hay algo para descubrir, incluso para quienes lo visitan con frecuencia.

Mientras caminábamos, el tiempo parecía transcurrir más despacio.

Las conversaciones fluían naturalmente, recordando anécdotas, compartiendo proyectos y simplemente disfrutando de estar juntas.

Uno de los mayores encantos de Tigre es precisamente esa combinación entre naturaleza, actividad cultural y vida cotidiana.

El río siempre está presente, acompañando cada paseo y aportando una tranquilidad especial que invita a quedarse un poco más.

Aquel sábado no hubo grandes monumentos ni excursiones extraordinarias, hubo algo mucho más valioso: tiempo compartido para caminar, conversar, reírnos, comer cosas ricas y disfrutar de la compañía mutua en un lugar que siempre resulta agradable visitar.

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