Durante nuestro viaje por las islas de Papúa Nueva Guinea en diciembre de 2019, junto a Pablo, Tomás y Madelyn, tuvimos la oportunidad de visitar Kitava Island, una de esas pequeñas islas que parecen salidas de una postal y que dejan una huella imborrable en la memoria.
A medida que nos acercábamos, el paisaje se volvía cada vez más impresionante. Las aguas turquesas, la arena clara y la vegetación tropical creaban una combinación de colores difícil de olvidar.
Era el tipo de lugar que uno imagina cuando piensa en una isla paradisíaca del Pacífico Sur.

Pero como suele ocurrir en los viajes más enriquecedores, lo que hizo especial la visita no fue únicamente la belleza del paisaje sino que lo más valioso fue el contacto con la gente local y la posibilidad de acercarnos, aunque fuera por unas horas, a una forma de vida muy diferente de la nuestra.

Los habitantes de Kitava nos recibieron con sonrisas, curiosidad y una cordialidad que hizo que la experiencia resultara aún más agradable. Caminar por la isla permitía observar viviendas sencillas, construidas con materiales naturales y una comunidad que mantiene una fuerte conexión con sus tradiciones y con el entorno que la rodea.
A diferencia de muchos destinos turísticos del mundo donde la modernidad suele dominar el paisaje, en Kitava la naturaleza continúa siendo protagonista.
El ritmo de vida parece estar marcado por el mar, la pesca, la vida comunitaria y las costumbres transmitidas de generación en generación.

Las playas de Kitava merecen un capítulo aparte. Sus aguas transparentes permitían apreciar los distintos tonos de azul que caracterizan al Pacífico, mientras que la costa conservaba una belleza prácticamente intacta.
Viajar en familia siempre tuvo un significado especial para nosotros, y compartir esa experiencia juntos hizo que el recuerdo sea aún más valioso.

Kitava fue una escala breve dentro de un viaje extraordinario, pero dejó una impresión profunda. No solo por su belleza natural, sino por la oportunidad de acercarnos a una cultura distinta y comprender que existen muchos modos de vivir, todos igualmente valiosos.

Deja un comentario