Entre montañas y lindos recuerdos: Bariloche

Bariloche es un lugar encantador. He ido por lo menos veinte veces, y cada vez que regreso siento lo mismo: todo es familiar y, al mismo tiempo, distinto. Es como si la ciudad cambiara conmigo, como si se reinventara en cada estación y me invitara a redescubrirla una y otra vez.

He estado en Bariloche en todas las épocas del año. La he visto cubierta de nieve, con ese blanco infinito que transforma todo en silencio y magia. He intentado esquiar -y mis hijos lo han hecho con entusiasmo- y también he vivido el clásico culipatín, esa forma tan divertida y espontánea de tirarse en la nieve que siempre termina en risas.

También la he vivido en verano, con los lagos brillando bajo el sol y el aire más liviano, perfecto para largas caminatas y excursiones.

He pasado allí fiestas navideñas y comienzos de año, con ese aire especial que tienen los destinos que se vuelven parte de la vida familiar.

Me ha gustado visitar Bariloche en otoño y primavera, porque se vuelve más íntima, con colores distintos, más silencios y más contemplación.

Una de mis primeras experiencias importantes allí fue el viaje de egresados de quinto año, compartido con todos mis compañeros de colegio, porque si bien había estado cuando era muy pequeña con mis padres y mi hermano no tengo muchos recuerdos de esas vacaciones. Después volví muchas veces con la familia y cada viaje sumó una nueva historia, una nueva forma de mirar el mismo paisaje.

He hecho todas las excursiones del lugar y sus alrededores, incluso el imponente Cerro Tronador. He navegado sus lagos, he caminado sus senderos y me he detenido muchas veces simplemente a observar el agua, los reflejos, la inmensidad del entorno.

Me he bañado en las aguas frías de sus lagos que parecen venir directamente de la montaña y que tienen algo de purificador, como si por un instante todo se volviera más simple.

Bariloche también tiene una gastronomía que acompaña perfectamente su paisaje: chocolate, fondue, restaurantes cálidos que invitan a quedarse más tiempo del previsto. Y hay lugares que quedan en la memoria, como el famoso hotel Llao Llao, que forma parte de esas postales personales que uno va construyendo con los años.

Pero si tuviera que definirlo diría que Bariloche no es solo un destino de nuestro país, sino que para mí es un lugar al que siempre quiero regresar para descubrir nuevos rincones y volver a los que ya conozco, disfrutando no solo de sus paisajes increíbles sino también de todo lo que me despierta cada vez que vuelvo.

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