Vacaciones con cubrebocas: las fiestas que nunca olvidaremos

Las fiestas de fin de año de 2020 fueron diferentes para todos, al igual que comenzar el año 2021 en Estados Unidos.

Después de meses de aislamiento, restricciones, incertidumbre y una pandemia que había cambiado la vida del mundo entero, sentíamos una enorme necesidad de volver a encontrarnos, de viajar y de recuperar algo de la normalidad que parecía haberse detenido de golpe.

Fue entonces cuando tomamos una decisión que, para muchos, parecía impensada: pasar Navidad y Año Nuevo en Florida.

En Argentina todavía existían importantes restricciones para las reuniones familiares y los encuentros sociales y nosotros, como tantas otras familias, llevábamos meses adaptándonos a una realidad completamente nueva.

Por eso, cuando vimos que en algunos destinos era posible viajar respetando protocolos y medidas sanitarias, decidimos animarnos.

Invitamos también a mis padres, sin embargo, comprensiblemente, ellos prefirieron quedarse en Argentina. La situación sanitaria todavía generaba muchas dudas, especialmente para las personas mayores, por lo que decidieron pasar las fiestas junto a mi hermano y su familia en Necochea.

Nosotros emprendimos la aventura con Pablo, Madelyn, mi hermana y mis sobrinas Clara e Isabel.

Y hubo una ausencia que sentimos especialmente porque Tomás no pudo acompañarnos ya que se encontraba viviendo en Australia y las fronteras de ese país permanecían cerradas, una situación que afectó a miles de familias alrededor del mundo.

Aun así, intentamos disfrutar cada momento, y vaya si lo hicimos.

Pasamos tres semanas recorriendo Florida y viviendo unas fiestas completamente distintas a las que estábamos acostumbrados.

Visitamos los parques de Disney, que funcionaban con estrictos protocolos sanitarios, pero donde igualmente se respiraba la magia de siempre. Las personas circulaban con normalidad, aunque las mascarillas formaban parte inevitable del paisaje cotidiano.

Era una imagen curiosa. Castillos, personajes, música y espectáculos… pero todos protegidos detrás de tapabocas.

Sin embargo, la alegría seguía allí.

También recorrimos la maravillosa costa oeste de Florida: Naples, Fort Myers, Sarasota y Saint Petersburg nos regalaron playas espectaculares, atardeceres inolvidables y esa atmósfera relajada tan característica del Golfo de México.

Pero lo que más nos sorprendió fueron las celebraciones navideñas.

Las ciudades estaban completamente iluminadas, las casas competían amistosamente por tener las decoraciones más originales, los jardines brillaban con miles de luces y los fuegos artificiales iluminaban el cielo durante las celebraciones de Navidad y Año Nuevo.

Todo parecía una película.

Y quizás por venir de tantos meses difíciles, lo disfrutábamos todavía más.

Claro que viajar durante una pandemia también tenía su costado insólito porque cada vuelo implicaba nuevos formularios, controles sanitarios y testeos obligatorios de COVID.

Recuerdo perfectamente la ansiedad previa a cada examen y como esperábamos los resultados como si estuviéramos rindiendo un examen final.

Pero quizás lo más llamativo era observar a algunos pasajeros en los aeropuertos e incluso a nosotros mismos.

Además de las mascarillas, teníamos que usar máscaras faciales transparentes y muchas personas se protegían además con guantes, mamelucos especiales y elementos de seguridad que hacían que parecieran astronautas preparándose para una misión espacial.

Hoy las fotografías resultan casi increíbles, pero en aquel momento era simplemente la realidad que nos tocaba vivir.

Mirando esas imágenes aún intento comprender la magnitud de lo que atravesó el mundo entero, pero también la enorme capacidad que tenemos las personas para adaptarnos.

Ese fin de año, después de tantos meses difíciles, volver a reírnos juntos, caminar sin apuro, contemplar una puesta de sol o simplemente compartir una cena familiar tuvo un valor enorme para nosotros.

Porque a veces los viajes llegan en el momento exacto, y ese viaje fue precisamente eso.

Una manera de celebrar la vida, la familia y la esperanza en un año que nos había enseñado, como pocos, la importancia de valorar cada momento compartido.

Por eso, cuando pienso en ese fin de año, recuerdo las luces de Florida, las risas en familia, los aeropuertos llenos de protocolos imposibles de olvidar y la felicidad de haber vuelto a sentir que el mundo, poco a poco, comenzaba a abrirse nuevamente.

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