Durante nuestra estadía en Australia, el 28 de mayo de 2026 tuvimos la oportunidad de visitar un lugar que superó ampliamente todas nuestras expectativas: el Museo Nacional de Motocicletas de Australia, ubicado en la pequeña localidad de Nabiac, en Nueva Gales del Sur.
Confieso que llegamos con curiosidad pero sin imaginar la magnitud de lo que íbamos a encontrar, y si para mí la visita fue fascinante para Pablo fue directamente emocionante.

Quienes lo conocen saben de su pasión por las motocicletas y los automóviles antiguos. Durante casi toda su vida ha dedicado su tiempo a restaurar, estudiar y preservar vehículos históricos. Sin embargo, incluso para alguien con tanta experiencia, lo que vimos ese día resultó sorprendente.
Apenas ingresamos al museo comprendimos que no se trataba de una colección común.

El lugar alberga una de las colecciones de motocicletas más importantes de Australia, con más de 1000 motos en exhibición que recorren más de un siglo de historia del motociclismo.
Las instalaciones son enormes y están dedicadas a exhibiciones cuidadosamente organizadas, donde es posible observar modelos que van desde los primeros años del siglo XX hasta motocicletas más modernas que marcaron distintas épocas.

Lo que más nos impresionó fue la diversidad y la variedad de la colección y aunque el museo es conocido principalmente por sus motocicletas, la visita ofrece mucho más, ya que en el lugar hay muchísimos automóviles antiguos.
Entre las motocicletas que más llaman la atención aparecen verdaderas leyendas del motociclismo mundial. Se exhiben modelos de marcas históricas como Triumph, BSA, Vincent, Royal Enfield, Indian, Harley-Davidson, BMW, Ducati, Moto Guzzi, MV Agusta, Kawasaki, Yamaha, Suzuki, Ariel, AJS, Matchless, Norton y Brough Superior, entre muchas otras. Algunas datan de los primeros años del siglo XX y permiten observar la increíble evolución tecnológica que experimentaron estos vehículos a lo largo de más de cien años.

Cada vehículo parecía contar una historia: algunos conservaban la elegancia de principios del siglo pasado y otros reflejaban la evolución tecnológica que transformó el transporte y la movilidad a lo largo de las décadas.
Pero el museo es mucho más que una colección de motocicletas y automóviles.
También exhibe una enorme cantidad de fotografías históricas, carteles, herramientas, juguetes, objetos vinculados al motociclismo y automovilismo y recuerdos que permiten comprender cómo estas máquinas formaron parte de la vida cotidiana de generaciones enteras.

Mientras recorríamos las distintas salas, observaba a Pablo detenerse una y otra vez frente a modelos que reconocía inmediatamente. En algunos casos comentaba detalles técnicos; en otros, simplemente admiraba el estado de conservación de piezas que hoy resultan prácticamente imposibles de encontrar.
Fue una de esas visitas en las que el tiempo parece detenerse.
Lo que inicialmente pensábamos que sería un recorrido de una hora terminó convirtiéndose en varias horas de descubrimientos, conversaciones, fotográfías y asombro permanente.

Sin embargo, incluso para quienes no son aficionados a las motocicletas el museo tiene un enorme valor, porque en realidad no habla solamente de vehículos.
Habla de innovación, de diseño, de evolución tecnológica y de la manera en que distintas generaciones vivieron, trabajaron y se desplazaron a lo largo de más de cien años.
Por eso recomendaría esta visita no solo a quienes aman las motos o los automóviles clásicos, sino también a quienes disfrutan de la historia.

Porque recorrer el Museo Nacional de Motocicletas de Nabiac es recorrer una parte importante de la historia del siglo XX a través de máquinas que, en muchos casos, ayudaron a transformar la vida de millones de personas.
Y para nosotros, además, fue una experiencia compartida que quedará asociada para siempre a la felicidad de ver a Pablo maravillado como un niño frente a aquello que tanto ama.




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